Análisis

Según la información dada por los participantes en el grupo focal, la mayoría considera que el fútbol es un deporte masculino y que es muy poco común conocer a una mujer que esté realmente involucrada en este. Podemos deducir que este tipo de pensamientos surgen por la forma en la que el fútbol es representado como un deporte rudo, grosero o estratégico, siendo estas cualidades asociadas históricamente a lo masculino, pues a las mujeres se las califica como delicadas, emocionales y débiles, características que la sociedad no encuentra compatible con un deporte como el fútbol.

En el fútbol, el rol de las mujeres ha sido reducido a un papel secundario, en el que no se les da las oportunidades que merecen para demostrar su pasión y talento en la cancha por el miedo irracional que existe hacia la pérdida de un territorio que es de los hombres, lo que ha generado que las futbolistas y reporteras sean rechazadas, invisibilizadas e incluso cosificadas para demostrar que los reflectores nunca estarán sobre ellas.

Al hablar de mujeres y fútbol no se puede dejar de lado a las mujeres que son reconocidas e incluso idolatradas en este deporte, las cuales, a pesar de no ser futbolistas o reporteras, se llevan muchas más notas que las que sí. Entre este grupo tenemos a las esposas de los futbolistas, aquellas mujeres que por más títulos, carreras profesionales, u organizaciones que posean siempre vivirán bajo la sombra de ser “la esposa de”. Esto último es gracias a la publicidad y ganancia que generan, pues es más fácil lucrar de una imagen que cumple con los parámetros que la sociedad respalda, antes que imponer una nueva forma de ver a un deporte tan millonario como el fútbol.

Hablando de los medios de comunicación, en el grupo focal los participantes supieron indicar lo poco común que es ver a comentaristas femeninas involucrándose directamente en un partido de futbol, pues la gran mayoría de ellas son usadas por su físico para llamar la atención del público masculino, al que va dirigido este deporte.

La realidad es que a pesar de los cambios que intenten llevar a cabo la FIFA y las diferentes confederaciones de fútbol de cada país, sin el apoyo de la población nada será diferente. Sé necesita generar un discurso que promueva la idea de que tanto hombres como mujeres, pertenecen a todos los aspectos de la vida cotidiana y que el hecho de no estar acostumbrado a algo no es sinónimo de que ese algo sea malo. Y sobre todo, la mejor forma que las personas tienen para luchar contra problemáticas como la desigualdad de género en el fútbol, es apoyando y consumiendo al mismo, para demostrarles a las grandes empresas que el fútbol femenino es un mercado que vale la impulsar y promover para así generar una sociedad más equitativa para todas y todos.

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